29/5/08

Ya sufriste cosas/mejores que éstas ...

Nadie que responda a unos pocos parámetros básicos (ser del Ciclón y no vivir adentro de un alfajor) se puede dar por sorprendido. Se burlan de nosotros los medios, jugadores y entrenadores propios y ajenos, árbitros, la AFA y cualquiera con un mínimo de voluntad como para enrolarse en la fila. Sin ánimo de opinar sobre la política partidaria del Club, sobre la que cada cual tiene su propia idea, pareciera que nuestros dirigentes están siempre mirando hacia otro lado. No queda claro cuál, porque no hay aspecto que pueda suponerse controlado en la ajetreada realidad azulgrana.

Ramón se fue, noticia vieja (tenía casi 6 meses) y que garpaba 2,05. Los problemas, en cambio, reposan cómodos en la Ciudad Deportiva. Seguirá la camarilla, con los actuales protagonistas o con los que los vayan sucediendo, continuará la imposibilidad de trazar un proyecto con objetivos que trasciendan el próximo vencimiento de las facturas a pagar, hasta que alguien advierta que así sólo se camina hacia el cadalso, con demoras y meandros, pero inexorablemente.

Duele demasiado San Lorenzo como para tomarlo a broma. Hace dos meses y medio, casi jugando, arrancamos a compartir unas pocas reflexiones con amigos del Barrio, con ocasionales lectores, con la preocupación que habían traído algunos resultados deportivos, pero con la esperanza de la convocatoria de la gente, con la inminencia del Centenario, con el sueño intrépido de la Copa. Hoy, sentarse en el respectivo turno ante el teclado y desarrollar un pensamiento que no emparente con la queja o la melancolía suena a milagro.

Es muy difícil pensar en el partido del domingo, aún cuando las chances de conseguir el Clausura sean reales. La percepción es que este semestre se hipotecó cuando se decidió bailar con Díaz la cueca preelectoral. Para colmo, el chiste salió demasiado caro como para no ahondar la preocupación en el plano institucional y económico.

Quisiéramos de todo corazón estar equivocados. Despertarnos de este mal sueño y pensar que vamos al Bidegain para ver el primer partido contra la Liga. Pero sabemos que es difícil. Sentimos que, por el contrario, cada pesimismo que nos atraviesa corre el riesgo de quedarse corto.

26/5/08

Ah, una cosita más

Los que quieran, necesiten o prefieran irse, no titubeen un instante. Acá no hay lugar para quienes estén a disgusto.

"Tener mucha guita no es tan fácil"


En la época en la que el Diego empezó a patinar y a ser noticia más allá de la pelotita, se instaló en toda la sociedad un debate en el que cada cual sostenía su propia pavada, con la impunidad científica de un filósofo cósmico. Con ese espíritu democrático, un señor mayor, personaje del Barrio de Boedo, sentenció: "Muchachos, no se puede juzgar tan fácilmente. Ese muchacho nació en la pobreza y ahora está forrado en oro. Tener mucha guita no es tan fácil". En el grupo de amigos de la juventud, la sentencia funciona como una pequeña broma interna, porque la escena real se completa con una descripción del emisor: un hombre que jamás había salido del Barrio, que vivía en una casa modesta y que no tenía más posesiones que sus módicos conocimientos de la vida.

La anécdota viene a cuento de una sensación que nos empezó a recorrer la noche misma de la Epopeya de Núñez, y que terminó ayer en forma de parábola. San Lorenzo tocó el cielo con las manos en aquel empate épico, para no volver a tener un resultado favorable en ninguno de los partidos que le siguieron (Independiente, Liga, Huracán, Liga de nuevo), mientras la expectativa crecía sin medida. Anoche, pasada la euforia y en medio de una desértica melancolía, el equipo volvió a la victoria. Como confesando que al plantel, al Club y acaso a nosotros mismos nos es ajena la lógica del éxito, la posibilidad de "creérnosla". San Lorenzo gana cuando va de punto, pero le cuesta el triple empuñar el sabot.

Acaso ésa sea una explicación posible para la prolongada frustración copera. En una competencia de catorce partidos, se hace muy difícil llegar al décimo sin levantar la perdiz, sobre todo porque en la fiesta van quedando pocos. Pero ahí es donde las miradas apuntan al novio de la nena, y el tipo descubre la rotura en los lienzos. Para completar la metáfora, anoche, el paraguayo -villano setenta y dos horas antes- clavó dos goles. No hace falta agregar demasiada explicación, probablemente.

24/5/08

Back on the road

Es duro arrancar. Hay un dolor muy profundo, una sensación espantosa de decepción renovada, de lección inútil. Quienes siguen estos envíos habrán visto una notoria merma en las últimas semanas. Algunas actitudes del combo futbolistas/entrenador/dirigentes, sumadas a la beligerante manera de debatir de nuestro pueblo sanlorencista en cafés, foros, listas de correos y otros medios, funcionaban como un freno para compartir pequeñas historias, pensamientos simples como los que pueblan este espacio. A la vez, y aunque pretendiéramos silenciar las maquinaciones neuronales, sonaban como un aviso subliminal que anunciaba el inminente final de la vendimia y el inicio de otro tiempo de peleas, agravios, insultos, descalificaciones.

Ayer (o en estos días, la vóragine es cruel), alguien escribió una reflexión que nos pareció interesante en el foro de DBV, luego recogida en el blog DebateCuervo. Además de compartir buena parte de lo que expresa ese texto, entendemos que se puede forzar un escalón más el razonamiento, animándonos a llegar al hueso en este momento tan bravo. ¿Es lógico suponer que un Club que doce horas después de un partido tan trascendente muestra ya los signos del "cabaret", está o estuvo enfocado seriamente en la obtención de un logro tan anhelado? O, aún más cruel: ¿se puede construir un Club -algo que requiere tanto de un tejido social- en estas condiciones? Las respuestas instintivas son amargas, pero podrían invitarnos a reflexionar y analizar más a fondo el modo de revertirlas.

Aunque parezca contradictorio, estamos seguros de que no hay que trabajar para ganar la Copa, como tantas veces se anunció pomposamente: hay que refundar el espíritu inicial, la mística, la solidaridad, la cultura. Respetar a los Viejos, escuchar a los Jóvenes, invitarlos a trabajar mancomundamente, oir y expresar proyectos, discutirlos con buena fe y argumentos serios. Mejorar las condiciones de trabajo, la infraestructura, proponerse un plan de fútbol que supere la distancia que nos separa de la punta de la propia nariz, con particular hincapié en las inferiores. Entonces, sí, vamos a tener los elementos para pegar el manotazo soñado y darnos un abrazo tan grande como el del jueves, pero con lágrimas distintas.

18/5/08

"Lo mejor que tenemos"


Antes de cada partido, Copa o Clausura, Ramón Díaz repite una frase (des)hecha, apostando a la certeza de la genuflexión periodística: "Vamos a poner lo mejor que tenemos". Suele agregar que "los jugadores quieren jugar estos partidos". Los cronistas deportivos ganan poca plata, saben poco de casi nada, quieren llegar al diario/radio/canal, escribir una pavadita corta y "picante", e irse a casita. Por eso, nadie tiene a bien repreguntarle qué significan esas sentencias.

La primera parece hacer referencia a la utilidad de amuchar los nombres más rimbombantes en cada ocasión posible. Así, el jueves pudimos observar cómo el Chaco Torres se arrastraba por la mitad del terreno, procurando infructuosamente tomarles la patente a Guerrón y Bolaños. La experiencia fue repetida esta tarde, cuando aparecieron otra vez varios de los que fueron protagonistas del empate del jueves, y que seguramente tendrán que ir por un resultado complicado en Quito. ¿Es eso lo mejor que tiene San Lorenzo? ¿No será mejor poner algunos jugadores más frescos, con más hambre de jugar un partido ante Huracán, ganarse el afecto de la gente y -de yapa- permitirle el descanso a los que vienen acumulando minutos de fatiga?

La otra cuestión tiene que ver con la voluntad del plantel. Preguntados que fuéramos los autores de estos textos, todos tendríamos la intención de vestir la azulgrana, jugar los 90 minutos y hacer tres goles, alguno de chilena. Total, pedir es gratis. Se supone que el entrenador es el encargado de ordenar esas voluntades, examinar su razonabilidad y ponerlas en función del interés común.

No sabemos si estas cosas se deben plantear de esta manera o de alguna otra. No sabemos, tampoco, si los que deberían encargarse de pensarlas lo hacen, o surfean el presente con más o menos equilibrio, conforme la pelota pegue en el palo o se clave en un ángulo. Pero, espectáculo a la vista, nos pareció un ejercicio intelectual razonable. La alternativa era mirar al terreno de juego. Y preguntarse por qué.

Un aperitivo cordial

Fenómeno porteño - Gonzalo Bonadeo

El folclore futbolero bien entendido –barras, protagonistas provocadores y periodistas partidarios abstenerse– llega tan lejos como para distribuir los partidos clásicos en categorías. Pasa en España, donde Barcelona y Espanyol juegan el clásico de barrio, pero España se detiene cuando el Barça se cruza con el Real Madrid. Pasa en Inglaterra, donde el United y el City dividen Manchester, pero los de rojo apuntan los cañones a los duelos con Liverpool, Arsenal y, más recientemente, Chelsea.

El folclore futbolero bien entendido –barras, protagonistas provocadores y periodistas partidarios abstenerse– llega tan lejos como para distribuir los partidos clásicos en categorías. Pasa en España, donde Barcelona y Espanyol juegan el clásico de barrio, pero España se detiene cuando el Barça se cruza con el Real Madrid. Pasa en Inglaterra, donde el United y el City dividen Manchester, pero los de rojo apuntan los cañones a los duelos con Liverpool, Arsenal y, más recientemente, Chelsea.
En la Argentina, el esquema es diferente, pero no estamos exentos de la categorización. River-Boca es, qué duda cabe, el duelo por excelencia. Pero me animaría a decir que hace muchísimo tiempo que dejó de ser el clásico barrial para ser el gran partido de fútbol que se juega y se sufre en todo el país. Por otro carril circulan los maravillosos duelos que parten al medio ciudades: Estudiantes-Gimnasia, Rosario Central-Newell’s (para mi gusto, los clásicos más ricos e intensos de nuestro fútbol), Colón-Unión, Talleres-Belgrano, San Martín-Atlético y así podríamos seguir por decenas. Existen, tristemente, los partidos que se convierten en clásicos porque las respectivas bandas de vendedores de violencia tienen cuentas pendientes. Son una especie relativamente nueva, cuya mayor virtud termina siendo la de poner los nombres de los equipos encima del escritorio de los que se encargan de la inseguridad en las canchas y así ponen constantemente en duda la fecha, el horario y la geografia del partido. Finalmente, aparece el clásico de barrio, ¿un fenómeno eminentemente porteño? Probablemente así sea y constituya una de las pocas cosas positivas de la asfixiante superpoblación que el fútbol de esta ciudad vuelca sobre un fútbol falsamente federal.
Francamente, no creo que haga falta profundizar demasiado en el fenómeno que provoca un Huracán-San Lorenzo, la nave insignia de la flota que integran partidos como Atlanta-Chacarita, Lanús-Banfield o Defensores-Excursionistas, todos ajustables a su exacta dimensión de trascendencia y a la no siempre viable posibilidad de concreción. Es más, un fuerte matiz que adquirió en los últimos años el ritual de la gastada al hincha del rival más temido y a la vez más deseado, es el de recordarle a ese hincha cuánto hace que no pueden enfrentarse porque uno está en una división superior a la del otro. Sin embargo, en el fondo, se necesitan.
Yo estoy convencido de que, en el fútbol nuestro de cada día, ganar un clásico importa mucho más por evitar el gaste del otro que por disfrutar del éxito en sí. El concepto se apoya en la conducta de muchos protagonistas que se aferran demasiado a la tercera posición e incorporan al empate en el clásico como una triste variante del triunfo: perder un partido de esos puede costarle la cabeza a un técnico y a más de un jugador; ganarlo no te da gloria eterna y empatarlo te garantiza una semana tranquila.
También estoy convencido de que la mayoría de los hinchas prefiere jugar contra el clásico rival antes de pasarse la vida extrañándolos porque andan de viaje por los subsuelos de las divisiones de la AFA.
Dentro de este contexto, el fútbol argentino volverá a disfrutar de un Huracán-San Lorenzo, quizás el más emblemático clásico de barrio del planeta. Es decir, no sé si en el mundo hay un partido que enfrente a dos hinchadas con demasiada gente viviendo entreverada en las mismas calles y en los mismos bares que inevitablemente ven modificada y reducida su fauna el lunes, si el domingo hubo un ganador.
Con muchos más títulos que el Globo y los ojos puestos en la gran ilusión copera, es muy probable que muchos hinchas del Ciclón crean improcedente este concepto y pretendan restarle importancia a lo que sucederá esta tarde. Los entiendo, pero estoy convencido de que, a la hora de salir de casa, en ese momento que sella tu condición de hincha de fútbol de por vida, ése en el cual uno camina a paso forzado las dos últimas cuadras que te despositan en el templo por el solo impulso de escuchar a las hinchadas cantando, el corazón del hincha de San Lorenzo latirá con una intensidad diferente a la de otras ocasiones. Porque nunca hay que olvidar que lo bueno o lo malo que te toque vivir en esa cancha no se diluye la semana que viene: dura hasta la misma ocasión del próximo torneo.
Como dije, San Lorenzo necesita de Huracán tanto como Huracán de San Lorenzo. Es una ecuación extraña en la que el odio deportivo se acerca demasiado al amor. Ojalá en la cancha, en la ejecución de los jugadores, en el mensaje que bajen Ubeda y el Pelado nos regalen el clásico que la gloria de las dos camisetas merecen. Y que en las tribunas demostremos que somos muchos más los hinchas genuinos –hasta venenosos, se entiende– que aquellos que un clásico necesita sangre, sudor y muerte.

http://www.perfil.com/contenidos/2008/05/18/noticia_0007.html

17/5/08

La danza de la intelligentzia

Se puede argumentar vagancia, sin mayor punibilidad. Melancolía, preocupación, temor: variantes de un sentimiento colectivo que nos ha alejado casi una semana de este rincón. Hace algunas semanas, planteamos que se venía el tiempo de las decisiones complicadas, ésas que no admiten rebobinar la cinta. Por obra conjunta de las matemáticas, la fortuna y el calendario, ahora el Ciclón aparece compelido a ganar sus próximos dos compromisos, so pena de quedarse sin el pan y sin la torta. Las victorias de pinchas y bosteros de esta tarde relegan aún la chance de una igualdad en el Clásico, y el maldito gol de visitante obliga a ir a buscar a la altura y el calor de Quito.

Dicen que Ramón va a parar a Orión; González, Aguirre, Bottinelli, Placente; Menseguez, Alvarado, Acevedo, D´Alessandro; Chávez y Silvera mañana. ¿Serán Orión; Tula, Bianchi Arce, Aguirre, Placente; González, Rivero, J. M. Torres, D´Alessandro; Bergessio y Romeo los del jueves? De ser así, sólo cuatro de los jugadores de campo repetirían, aunque en la bolsa de los candidatos para Ecuador también aparezcan Voboril y Aureliano. Si así fuera, San Lorenzo encararía ambos partidos con una formación poderosa, sin excesos de agotamiento. Si se piensa duplicar el esfuerzo, parece una idea peligrosa.

El Clásico de mañana ha cobrado, lamentablemente, una trascendencia menor en el contexto. Resulta obvio decir que un triunfo sería una excelente noticia, como también indicar que debe resguardarse el físico de aquellos que sean necesarios para el jueves, ante lesiones casuales o no tanto. El entrenador tiene experiencia, sabe y tiene suerte. Ojalá que, en medio del vértigo, tenga la capacidad para correr las hojas que puedan tapar el paisaje.

16/5/08

Mejor no hablar de ciertas cosas



Video - Resumen del partido - San Lorenzo 1 vs. LDU Quito 1

11/5/08

"Te lo dije"


Esta tarde, unos minutos antes de emprender la partida al Bajo, evaluamos la posibilidad de aportar algunas impresiones. El fin de semana había sido particularmente improductivo, debido a la omnipresente sensación del vacío posterior a la gloria. Casi en esa línea iban los pensamientos que pensábamos reflejar, como una advertencia hacia nosotros mismos -primero- y hacia el equipo. De haberlo hecho, podría considerarse una "videncia", en función del resultado, que nos permitiría recurrir a esa frase de Madre que tantas veces hemos soportado y rehuido y que da título a este post.

Bueno, así como algunas veces la hemos pifiado de manera sonora y otras hemos acertado alguna redoblona, esta tarde éramos candidatos al doble cadalso: no sólo por una predicción negativa, sino también por la forma en la que se dieron las cosas. En nuestro humilde parecer futbolístico, San Lorenzo jugó bien. Mejor, incluso, que en muchas de sus victorias precedentes. Buscó, dejó la vida en cada pelota, corrió y -cuando pudo- jugó. Con un desgaste físico fenomenal encima, por lo que el rendimiento estuvo lejos de ser brillante, pero con una actitud que satisface, que excluye el reproche.

En envíos anteriores hemos señalado cuáles nos parecen las maneras más saludables de afrontar un resultado negativo. La actuación de esta tarde/noche entra sin dudas en ese listado. Más aún, el doblete de partidos promueve una conclusión muy distinta a la que ilustra la matemática: San Lorenzo empató un partido y perdió otro, pero da la impresión de haber ganado un escalón trascendente en cuanto a la convicción para encarar partidos bravos.

Sin perjuicio del sabor amargo, es una noticia importante, de cara a lo que se viene a partir del jueves.